La Atalaya del 15 de Abril de 2013 trae un artículo titulado ‘’Asegurémonos De Las Cosas Más Importantes’’, el cual de alguna manera habla de la visión de Ezequiel sobre el carro extraterrestre, siendo su intento impresionar a los testigos de Jehová con la existencia de la ‘’parte invisible de la organización de Jehová’’.

El articulo refuerza la creencia que tanto la organización visible como invisible están inseparablemente conectadas. De hecho, se supone que la directiva de la llamada organización visible va de alguna manera al mismo paso que el  colosal carro celestial; con sus inmensas ruedas giratorias, dentro de las ruedas otras ruedas llenas de ojos; relámpagos, electro resplandeciente; extrañas y maravillosas criaturas vivientes de múltiples cabezas con cuatro alas, y su conductor gloriosamente entronizado por encima del brillante crisólito. Y es responsabilidad de cada testigo de Jehová ir al ritmo del carro invisible a  medida que se mueve de una u otra manera por encima de la tierra.

Pero, ¿qué representa la visión entusiasta de Ezequiel sobre el carro en última instancia? ¿Es simplemente una indeterminada e invisible organización en el cielo que Dios preside y que dirige los asuntos de los siervos de Dios en la tierra, algo que la Watchtower ha enseñado desde 1929? Y ¿cuál es la importancia de los movimientos del carro en relación con la tierra?

Cuando Ezequiel fue originalmente encargado por Jehová para servir como un atalaya de la ciudad de Jerusalén, este era el único lugar en toda la tierra donde Dios había hecho residir su santo nombre. En un principio, a través de Moisés, Dios había organizado un sistema de culto en torno a un tabernáculo portátil, y más tarde en torno a un magnífico templo de piedra construido en la cima más alta de Jerusalén, donde Jehová decretó que establecería su presencia terrenal. Dios hizo que su presencia invisible se manifestara milagrosamente dentro del compartimiento del Santísimo en el fenómeno llamado la luz Shekinah. Se podría decir que el templo y los sacerdotes y los judíos que adoraban en Jerusalén componían la parte visible de la organización de Jehová.

Nacido en una familia de sacerdotes en Judea, Ezequiel, cuyo nombre significa “Dios fortalece”, habría servido en el templo en Jerusalén si no hubiera sido llevado cautivo a Babilonia, junto con el rey Joaquín y otros de la clase alta. Fue allí en Babilonia, junto al río Quebar, donde Ezequiel tuvo la visión del  impresionante carro celestial que surgió de turbulentas y ardientes nubes de tormenta hacia el norte.

Pero en cuanto al conductor del carro, es notable el hecho que en ninguna parte se le identifica como Jehová mismo. ¿Es eso importante? ¿Deberíamos asumir que es Jehová sentado en el trono? ¿Quién más podría ser? Además, Ezequiel hace todo menos mencionar a Jehová como el conductor, describiendo al que lo conduce de esta manera: ‘’ Y sobre la semejanza del trono había una semejanza de alguien que en apariencia era como un hombre terrestre sobre él, arriba.  Y llegué a ver algo como el fulgor del electro, como la apariencia del fuego todo alrededor en el interior, desde la apariencia de sus caderas y hacia arriba; y desde la apariencia de sus caderas y hacia abajo vi algo como la apariencia del fuego, y él tenía un resplandor todo alrededor.  Había algo como la apariencia del arco que ocurre en una masa de nubes en el día de una lluvia fuerte. Así era la apariencia del resplandor que había alrededor. Era la apariencia de la semejanza de la gloria de Jehová. Cuando llegué a ver[la], entonces caí sobre mi rostro, y empecé a oír la voz de uno que hablaba.’’

Como los testigos de Jehová deben saber, a pesar de que los profetas tenían un mensaje inmediato para los antiguos judíos, ya que fueron inspirados por Dios – cuya palabra es viva para siempre – las profecías fueron hechas sobre todo para revelar los juicios de Jehová sobre el moderno pueblo de Dios.

Como afirma Revelación, “el dar testimonio de Jesús es lo que inspira el profetizar”, lo contrario es cierto también; a saber, que las profecías inspiradas son las que dan testimonio de Jesús. Pero antes de que Cristo fuera manifestado en carne, el secreto sagrado se mantuvo así, en secreto. Con la venida de Cristo se reveló que Jesús era el rey designado y el juez de toda la humanidad. Y debido a su obediencia y fidelidad a Dios bajo prueba, Jehová ha ensalzado a su hijo amado a su trono.

En el 1er capítulo de Hebreos Pablo explica la posición de Jesús en relación con Dios, diciendo: ‘’Él es el reflejo de [su] gloria y la representación exacta de su mismo ser, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder; y después de haber hecho una purificación por nuestros pecados se sentó a la diestra de la Majestad en lugares encumbrados. ’’

Pablo escribió: Por ejemplo, ¿a cuál de los ángeles dijo él alguna vez: “Tú eres mi hijo; yo, hoy, yo he llegado a ser tu padre”? ¿Y otra vez: “Yo mismo llegaré a ser su padre, y él mismo llegará a ser mi hijo”? Pero cuando introduce de nuevo a su Primogénito en la tierra habitada, dice: “Y que todos los ángeles+ de Dios le rindan homenaje”. También, respecto a los ángeles dice: “Y hace a sus ángeles espíritus, y a sus siervos públicos una llama de fuego”. Pero respecto al Hijo: “Dios es tu trono para siempre jamás, y [el] cetro de tu reino es el cetro de rectitud. ’’

A pesar de que los miembros cabeza hueca de los cultos trinitarios suponen que Dios se obedece a sí mismo y se premia a sí mismo por su obediencia con algo que siempre ha poseído, los testigos de Jehová tienen un mejor entendimiento de las cosas. Pero, ¿están los testigos de Jehová plenamente conscientes de que Cristo es ahora el reflejo mismo y la representación exacta de Jehová y que Jehová ha prometido  dar a su hijo su propio trono, y no sólo eso, sino que Dios requerirá que toda rodilla se doble en adoración a su hijo, incluyendo a los ángeles?

Volviendo ahora a la visión de Ezequiel, ¿es posible que Jesucristo esté representado por ese  “alguien que en apariencia era como un hombre terrestre” sentado en el trono, el cual tiene “la apariencia de la semejanza de la gloria de Jehová”?

Por supuesto, Jesucristo no fue entronizado cuando Ezequiel recibió la visión. Es por ello que Ezequiel reconoció al que estaba sentado en el trono como el ‘’Dios de Israel.” Pero aún así, se reveló a Daniel que el arcángel Miguel es el gran príncipe que está plantado a favor del pueblo de Dios. Y se debe tener en cuenta que Ezequiel recibió una serie de visiones recurrentes a lo largo de su vida, la última culminando después de la ejecución de Gog en la parte final de los días, cuando el santuario del templo de Dios es finalmente llevado a su condición correcta, algo que no tuvo un cumplimiento en el pasado y obviamente tiene que ver con la venida de Cristo en el nombre de Jehová.

La cuestión de la identidad de la persona entronizada sobre el carro es aún más pertinente si tenemos en cuenta ciertas similitudes con las visiones del Apocalipsis. Lo más notable, en la visión de Ezequiel es que el que está sentado en el trono tiene la apariencia de fuego, con un arco iris majestuoso por encima de él. En el cuarto capítulo de Revelación, Dios es retratado de manera similar. Sin embargo, en el capítulo 10 de Apocalipsis un cierto “ángel fuerte” también se describe con una cara tan radiante como el sol,  piernas de fuego y un arco iris sobre su cabeza. Reconocemos que el “ángel fuerte” es nada menos que Jesucristo cuando toma su autoridad sobre la tierra. El hecho de que él se describa como teniendo el mismo aspecto glorioso de Dios confirma que Jesús es de hecho el reflejo mismo y la representación exacta de Jehová.

En Ezequiel, el que está sentado en el trono le da al profeta asombrado un pergamino que contiene cantos fúnebres y le ordena que lo ingiera. El “ángel fuerte” manda de manera similar al apóstol Juan a comer un poco del rollo que le fue entregado. La similitud de las dos visiones parecería indicar que el que va sentado sobre el carro es Cristo.

También, aunque Dios es descrito en términos antropomórficos,  nunca se le llama hombre terrestre. Esto es apropiado, ya que Dios nunca ha tenido esa forma. Sin embargo, con respecto al que está sentado sobre el trono móvil, Ezequiel escribió: “ Y sobre la semejanza del trono había una semejanza de alguien que en apariencia era como un hombre terrestre sobre él, arriba. ’’

Jesús era, por supuesto, un hombre de carne y hueso, es por eso que Cristo siempre se refería a sí mismo como el Hijo del hombre. Y en la profecía de Daniel es el hijo del hombre el que obtiene acceso al Anciano de Días y gobierno, dignidad y reino le son conferidos. A pesar de que el Hijo del hombre ya no es un hombre terrestre es apropiado para él ser representado en la profecía como un hombre porque fue su voluntad sufrir y morir como un ser humano, algo que le trajo la bendición sin reservas de Jehová.

Por otra parte, en las visiones de Isaías, Daniel y Apocalipsis, el trono de Jehová siempre está en el cielo. Pero, obviamente, la visión que Ezequiel experimentó muestra al trono moviéndose en las regiones inferiores del reino de los espíritus, en las proximidades de la Tierra. Esto parece ser hecho con la intención de retratar la segunda venida de Cristo como Rey del Reino de Dios sobre su trono glorioso con todos sus ángeles apoyándolo.

Unos siete años después de que Ezequiel fue testigo de la aparición original a orillas del Quebar, se le hizo levitar por medio del espíritu sobre Jerusalén y el templo, donde nuevamente  vio el trono impulsado por querubines ominosamente posicionado y la voz del que estaba sentado en el trono mandó a cierto hombre vestido de lino a recoger las brasas ardientes dentro del conjunto de ruedas y tirarlas sobre la ciudad como bombas incendiarias. Eso significó la completa destrucción de Jerusalén y el templo.

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